
Rocinante agoniza en medio de la vía. Qué será ahora del
Quijote dejando atrás el sonido metálico del galope por el ronroneo adormecedor
de un camión. El Don se da a la comodidad a pesar de su gran tristeza. Alienta
a su desgracia a mostrarle mejor cara, como la de aquellos inmóviles,
taciturnos, que a tantos horizontes por día se dirigen apresurados a su destino
envueltos en una cómoda lata.
Habrá ya nuevos vientos que hagan creer a los molinos que su
movimiento no les condena a estar siempre en el mismo lugar. El asfalto es
demasiado monótono para recorrerlo a patas, lo que está por verse es un destino
y no un camino, nostalgia de aquellos bien llamados locos.